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Cuando el Silencio Me Llama

Mario Conde, entrevista Fundación Ananta

Cada uno tiene su forma, su manera, de búsqueda espiritual. Unos dedican más o menos tiempo, el que tienen, y otros dedican su vida a ello. En mis tiempos mínimos, en mis silencios cortos, en esos momentos que me encuentro, trato de rebuscar lecturas, de meditar y reflexionar sobre textos de sabiduría o, como es el caso, leer biografías, memorias o entrevistas de personas que tratan de encontrarse día a día con ese espíritu que cada uno guardamos en nuestro interior.
Hubo un momento en el que conocí a un Mario Conde y ahora, tras un largo periplo de amarguras legales, se conoce otro Mario Conde también, desde otro prisma, interesante. No debo ser el único al que interesa este personaje. Casi todas las entradas que recibo en este humilde blog tienen como referencia de búsqueda 'Mario Conde, La palabra y el Tao'.
Para levantarse, amigos, hay primero que caer y tocar el suelo con la cara; para encontrarse, también, la experiencia dice que hay que haberse perdido.
Y buceando por la red llego a la página de la Fundación Ananta que, como en su página web indica, tiene como objetivos "difundir en el mundo de la empresa los valores de fraternidad y armonía que nos permitan, también en la empresa, vivir en mayor consonancia con nuestra propia humanidad. Desde la Fundación consideramos que la empresa, como cualquier otra actividad humana, es un campo especialmente propicio para desarrollar una relación de crecimiento y respeto entre las personas en un mundo cada vez más interdependiente. Promovemos valores como colaborar en vez de competir al coste que sea, escuchar en vez de oír, realizar la acción sin caer en la permanente agitación, y sin estar obsesionado con los resultados, que vendrán por añadidura si la acción ha sido la correcta." Algo que desde cualquier punto de vista es correcto y digno de asumir.
En la página se pueden encontrar diferentes artículos y entrevistas a personajes varios. Una de esas entrevistas es la realizada hace unos meses a Mario Conde. Además, por lo que sé y conozco, Mario Conde participa de alguno de los actos de esta fundación.
Por cierto que no consigo encontrar en la red la Entrevista que dedicó el nº 1 de la Revista española Vanity Fair al mismo Conde. En ella, además de adentrarse en su intimidad actual, también nos comentaba muchas de sus reflexiones actuales.
Y qué he decidido hacer, pues lo de siempre, lo que me apetece, en este caso colgar en este blog, el mío, el personal, una entrevista que me lleva a conocer más...
Entrevista sobre la vida y la espiritualidad El materialismo es tóxico como la heroína y ha fracasado; y las leyes no pueden resolver nada hasta que no restablezcamos el sentido trascendente del hombre y acabemos con la idea de que estamos separados unos de otros. Es una convicción de Mario Conde (Tui, Pontevedra, 1948) plasmada en esta entrevista con Fundación Ananta.
Seis meses después del fallecimiento de su esposa, Lourdes Arroyo, el que fuera presidente de Banesto entre 1987 y 1993 permite ver, a través de sus respuestas, el dolor tremendo de este desgarro, que él considera el acontecimiento de su vida, pero también la necesidad casi biológica de ayuda a los demás que le nace de este sentimiento. La proximidad y la intensidad de esta pérdida parecen haber borrado otro hito doloroso que ha resultado también determinante en su evolución espiritual y humana: su paso por la prisión de Alcalá Meco, donde estudió, entre otros textos espirituales, el Tao te King. A partir de las reflexiones provocadas por la comparación de varias versiones, ha escrito el libro La palabra y el Tao, publicado por Editorial Séneca.
El episodio que el llama “accidente” y del que se responsabiliza en primera persona porque pudo haberlo evitado, provocó que mejoraran sus relaciones familiares. Y le dio la oportunidad de demostrar a sus hijos que somos lo que somos y no lo que tenemos, y que su esencia es la misma en el patio de presos que en los palacios financieros. Son algunas de las razones por las que le resulta imposible guardar rencor a nadie en relación con su ingreso en prisión, pese a delatar que los motivos fueron otros distintos de los oficiales. Su paso por la cárcel le ha devuelto entre otras cosas además una certeza: ser libre no es algo material sino espiritual; ser libre es tener dignidad. En eso no valen medias tintas, o se tiene o no se tiene. Lo da la limpieza de corazón, que está mucho más allá de las construcciones mentales y que conviene depurar día a día. Y se consigue practicando el silencio. En los últimos meses ha concedido dos entrevistas en televisión que le han reportado la satisfacción de sentirse útil, a la vista de los correos electrónicos que ha recibido. Le bastaría con una persona a la que hubiera ayudado. Se acuerda de cuando el impulso de conceder o no una entrevista era el posible efecto sobre su propia persona, y se congratula por que eso ahora sea distinto. Ahora, asegura, “soy libre porque no tengo vanidad”.
Fundación Ananta: ¿Qué querría que recordara de usted su nieto Fernando, que figura como autor de Memorias de un año de vida?
Mario Conde: Lo que cuenta ese libro. Lo hice para su primer cumpleaños el verano pasado; su abuela materna estaba viva todavía. Está destinado a que entienda un poco mi filosofía. Me gustaría que la entendiera y que la aplicara. Las personas no son sus palabras; ni siquiera son sus actos; son su conducta. Yo sólo creo en las conductas. El libro cuenta quién es él y cómo va naciendo la idea del “yo”, diferente a los demás… Me da pena. Es bonito el libro, es muy bonito. Cuando él lo lea, yo ya no estaré por aquí, al menos en esta forma; se dice en el libro.
FA: También dice “tenemos toda la eternidad para charlar”. Es una expresión muy elocuente…
MC: La eternidad existe, nosotros aquí estamos muy de paso. Hay algunos que creen que estamos sin ningún sentido, y otros, como yo, que creen que nuestra gran tarea es averiguar el sentido de la existencia. A mí me resulta inconcebible que estemos aquí porque estamos y que después sencillamente dejamos de estar. Esa es una idea que se ha ido poniendo en marcha a partir del triunfo del materialismo y del racionalismo, que ahora se están encontrando con problemas muy serios y son incapaces de encontrar dónde está la materia última. A medida que profundizan en la física cuántica, se alejan del concepto de materia para encontrar un vacío. Es un vacío que está lleno de lo que nosotros llamamos Espíritu. El sentido de la existencia, por qué estamos aquí, es absolutamente capital. Unos dicen “para nada, simplemente para morir”; otros, “para mejorar”. En todo caso, retornamos. Unos creen que retornamos con una individualidad; otros, con una individualidad matizada, como Sri Aurobindo; otros creen que sencillamente retornamos a una vacuidad, pero para volver a volver. Unos creen que las gotas del océano mantienen su individualidad; otros, que vuelven al océano y eso es todo; unos creen que la reencarnación es volver a vivir un mismo yo -una idea muy primaria y poco profunda, otros creen que la reencarnación es la consecuencia de que el Espíritu se manifiesta en un proceso progresivo…
FA: Y usted, ¿Cuál considera más acertada?
MC: Es muy complejo. Distinguir la personalidad del yo es muy fácil. La personalidad es un conjunto de atributos externos que no tiene ningún valor: “me llamo así, he nacido aquí, pertenezco a no sé qué familia…”. El yo, en cambio, es el “trozo” del Espíritu que se guarda en nosotros. Eso tiene una cierta individuación en la forma, pero sólo una cierta individuación en la forma. Nosotros creemos que somos individuos, pero es porque hacemos referencia a los factores externos de la personalidad. Yo tengo muchas dudas de que ese “trozo” del Espíritu, cuando regresa, regrese con el mantenimiento de una cierta individualidad; no tengo ninguna duda de que no regresa manteniendo toda la individualidad. Es el tema capital, es donde se mueve el individuo y donde personajes como Sri Aurobindo tratan de encontrar una solución que satisfaga, como explica Vicente Merlo, que es un experto en Sri Aurobindo, y de quien yo he leído todo.
FA: ¿Están recogidas sus creencias en los autores que menciona?
MC: Al final, yo trato de evitar las creencias; las creencias me parecen peligrosísimas. Los que hemos estado en la industria farmacéutica sabemos lo peligrosos que son los analgésicos, porque no curan, sólo adormecen el dolor. Las creencias, para mucha gente, funcionan como adormecedores de angustias. Yo lo que quiero no es adormecer mis angustias sino encontrar un camino espiritual sabiendo que tengo que renunciar a muchas cosas, como la autoestima. Hay mucha gente que cree que el camino espiritual se construye sobre el intelecto: “yo soy más espiritual que tú porque soy más erudito que tú, porque soy más que tú, porque he entendido mejor al Tibetano”. Ese es un camino hacia la erudición, y la erudición y la espiritualidad no son lo mismo. O, sencillamente, “yo renuncio a todo eso y tengo una creencia muy sólida y creo porque creo y si no creo, creo”. Bueno, de acuerdo, al que le funcione así…
FA: ¿Desde cuándo está en esa búsqueda?
MC: A los 17 años intenté llegar a un Dios católico y llegué casi por percusión. Estudiaba en Deusto, iba todos los días a misa, comulgaba catorce veces, no salía de la iglesia… Aquello no funcionó. Era un dios muy inmediato, muy amigo mío, con el que yo procuraba mantener un diálogo y me di cuenta de que la única manera de hablar con Dios es sin palabras. El lenguaje de Dios es el silencio, el lenguaje de los humanos son las palabras. Lo pasé mal, porque me noté que aquello no me satisfacía; evidentemente hubiera podido acudir a las creencias, adormecer mis angustias, refugiarme en el dogma y tirar para delante, como tanta gente. Entonces hubiera transformado el espíritu en religión. Uno de los grandes problemas es que la espiritualidad se viste de religión y se pierde. Caí entonces la náusea sartriana, que estaba tan de moda entonces, en 1968. En aquel entorno católico, hice un análisis muy profundo sobre La Náusea (Jean Paul Sartre, 1938) en un examen de religión. Pensé que tenía obligación de hacerlo aunque supuse que a lo mejor me echaban de la Universidad, pero era lo que sentía. Recuerdo que me llamó el profesor de religión para comprobar si no sería una extravagancia de la gauche divine de la época, y me dio matrícula de honor. No era la solución. La vacuidad budista puede ser una respuesta, pero la nada sartriana, no. No podía dormir; me di cuenta de que había caído en un insomnio del Espíritu. Estaba permanentemente despierto, buscando. El Espíritu por dentro no dormía, el cuerpo, sí. Yo le pedía que me enseñara el camino, y lo único que me decía es “anda”; y andando, andando fui por el camino del esoterismo y el esoterismo me llenó.
FA: El esoterismo no está bien visto siempre.
MC: Hay un esoterismo mal entendido y un esoterismo bien entendido. Al final te das cuenta de que cuando profundizas en los asuntos esotéricos, las religiones convergen, que es una de las tesis de los iniciados, como René Guenon. Hay un esoterismo cristiano, un esoterismo budista, un esoterismo hinduista, un esoterismo islámico… Hay un libro maravilloso de dos tomos, muy difícil de leer, que se llama Sufismo y Taoismo, del japonés Izutsu Toshihiko. En dos de mis tres estancias en la prisión de Alcalá-Meco trabajé sobre este libro. Entendí la fuerza brutal esotérica del islamismo, por mucho que digan que es una religión violenta. Yo creo que algunos católicos deberían hablar con más cuidado de la violencia de las religiones, porque la Iglesia Católica ha causado muchas muertes en determinados momentos de su historia, como en los siglos XIII y XIV, en los que se cometió el genocidio cátaro, que fue un auténtico genocidio para mí. Bien es verdad que dio lugar al auténtico nacimiento de Francia y el rey de Francia estaba encantado con eso… Mientras estuve en el mundo de las finanzas tuve que parar un poco por razones laborales -vamos a decirlo así-, no tenía tanto tiempo. Y afortunadamente, cuando me metieron en prisión pude retomar. Mi familia comentaba que no se me veía triste; y mi mujer decía que lo complicado iba a ser sacarme de ahí, porque decía que estaba en mi mundo y en lo que me gustaba desde pequeño, que era lo que yo le comentaba cuando éramos novios. Fui caminando… el budismo tiene aspectos muy atractivos en cuanto ciencia de la mente. Poco a poco, los nuevos descubrimientos científicos le van dando la razón a los planteamientos budistas, pero no alcanzo a que en mi torrente sanguíneo se haya metido íntegramente la idea de la vacuidad. Entiendo la impermanencia de lo manifiesto, pero no la idea de la vacuidad como última respuesta al planteamiento del Espíritu. Estoy más cerca de la vacuidad que de la pervivencia de la híperindividualidad después de esta manifestación, pero no por eso me atrevería yo a decir que profeso el budismo. Creo que me siento todavía un cristiano, previo al siglo XIII, en el sentido de que la figura de Cristo como avatar, como encarnación de la divinidad, y su mensaje me resulta no solo muy atractivo, sino muy revolucionario en el buen sentido de la expresión. Otra cosa es que en el mensaje original cristiano y la realización empírica del cristianismo no se parezcan en nada.
FA: Excluye claramente todo dogma
MC: Sí, absolutamente. El camino espiritual construido a base de creencias es muy cómodo pero el camino religioso en demasiadas ocasiones no es espiritual, es epidérmico. El camino espiritual es muy duro, muy difícil; exige un esfuerzo y una constancia. Y, sobre todo, una renuncia a esa vanidad ridícula de creerse que porque uno es más inteligente, más listo, más culto, va a tener un mayor grado de realización.
FA: ¿Lo que motivó su reclusión en Alcalá-Meco pudo ser un empujón del Espíritu?
MC: Seguro, nada sucede sin más. Yo creo que a lo largo de mi vida, en todas las encrucijadas vitales he ido tomando las decisiones más dolorosas para mí. En aquel accidente yo hubiera podido elegir otro camino, pero elegí uno que sabía que más tarde o más temprano tenía que producir mi ingreso en prisión. Recuerdo que lo hablé con mi padre. Y me dijo “esto es así, esto te toca”. Uno puede apuntarse a la tesis del materialismo puro y duro, pero yo creo que las cosas son así porque tienen un sentido, aunque algunas personas no lo puedan entender. Incluso la muerte de Lourdes, que es el acontecimiento de mi vida, se produce en este momento por algo; no es "porque sí”. Cuando le detectaron el tumor, al poco tiempo de la operación, tuve una conversación con ella y le dije: “esto pinta mal, pero se puede pactar con la vida; si tu vida tiene un sentido, podemos alargarlo, lo que tenemos que hacer es trabajar en tu interior”. Y ella, que me conocía, trabajó conmigo y murió muy bien, murió en paz, y la enseñanza de la muerte de Lourdes es un norte para mí, una guía de cómo vivir. Es evidente que algo ha muerto de mí, algo muy potente, pero me ha dejado una libertad para seguir mi camino espiritual. Y ése es mi compromiso conmigo mismo. Lourdes ha muerto ahora, en este momento, ¿por qué? Bueno, pues porque había alcanzado su nivel de realización, y porque yo tengo una viudedad formal, pero no soy emocionalmente viudo. Y espiritualmente estoy complementado, en el sentido de que es un camino en el que me va a ayudar. Lo de la cárcel pudo ser un empujón, del Espíritu y de la vida, y me dio la oportunidad de recuperar todo mi trabajo personal. Lourdes comprobó a qué velocidad. Me ha permitido que el año y pico que hemos podido estar juntos, yo haya tenido mucha más dedicación y la haya ayudado mucho. Ahora la gente se mueve por los parámetros al uso con las tonterías de “todavía eres joven”, “tienes no sé qué…” tratan de encasillarte en las soluciones convencionales para problemas que son espirituales, no entienden que estás en otro sitio.
FA: Todo eso ayuda a perdonar a quien provocó que le privaran de libertad
MC: No tengo ningún tumor en el cuerpo pero, sobre todo, tampoco en el alma. Eso es lo único que me parece importante. El perdón ya implica “yo bueno, tú malo; yo te perdono”. No. No funciona eso. Todo lo que sucede, sucede porque hacemos que suceda. En este caso concreto yo estaba allí y podía no estar; yo sabía cómo funcionaba la política en este país y seguí adelante. De alguna manera, asumí las consecuencias de mis propios actos. Entiendo que las cosas no son como estudiamos en los libros de Derecho y que la vida es muy dura. Goethe dijo “Me preguntas qué es lo justo; te diré `lo que conviene a quien lo aplica´”. La conveniencia como principio motor de la convivencia es terrible, es uno de los cánceres de la civilización occidental. La conveniencia acaba con todo. Yo no tengo por qué perdonar; yo no participo de la idea orteguiana de buscar a otro como responsable de mis males. Nuestras conductas son causas que van generando efectos, y yo provoqué de una manera directa o indirecta el que a mí me metieran en la cárcel, porque estaba en un sitio equivocado a la hora equivocada, porque decía unas cosas que no se correspondían… Aunque me metieron en la cárcel por unas razones que nada tenían que ver con las oficiales, como es natural. ¿De qué me puedo arrepentir? ¿De qué les tengo que perdonar? ¿Les tengo que perdonar que me hayan dado esta oportunidad? No. ¿Les tengo que perdonar de que me hayan dejado demostrar a mis hijos que los hombres no somos nuestras cosas y que por tanto somos el mismo estando en Banesto que paseando por el patio de presos? ¿Eso les tengo que perdonar? Eso se lo tengo que agradecer. ¿Tengo que perdonar el que me haya demostrado que no tengo miedo a verme a mí mismo en el silencio? ¿A reconocerme en las madrugadas carcelarias y ver que ni estoy tan bien ni estoy tan mal, que estoy normal, y que estoy relativamente contento conmigo mismo, y que tengo perseverancia para trabajar?... todo eso se lo tengo que agradecer. Probablemente, si todo eso no hubiera pasado, a lo mejor estaría muerto físicamente, pero eso es lo de menos. Seguramente estaría mucho más cortocircuitado espiritualmente. Tendría miedo a morirme, y ahora no, al revés. No es que lo desee, porque la muerte está al margen de desear o no desear. En prisión escribí un libro al que di el nombre de Cosas del camino y que espero publicar pronto. En una de ellas me dije: “Me asomé a la casa de la muerte y lo que vi fue una esplendorosa vida”.
FA: ¿Entienden esto los que fueron sus “adversarios”?
MC: No lo sé. Hay veces que pienso “madre mía, ahora que me ven, ¿qué estarán pensando?”. El otro día me encontré con un hombre -no doy más detalles- uno de los que estuvo muy, muy directamente involucrado en los documentos oficiales de mi ingreso en prisión, digamos que uno de los responsables al menos en el plano ejecutor, y vino a saludarme, encantador, me presentó a su mujer. Yo noté que yo estaba bien y creí percibir de él que de alguna manera sufría. Y eso es compasión en el sentido budista: lo que me duele es que sufra. Yo estoy bien porque no he perdido nada, y sí he ganado… Un día Lourdes me dijo respecto a mi comportamiento en prisión: “siempre me ha impactado cómo eres, pero ahora mucho más”. Simplemente oír esa frase ya es ganar.
FA: Es liberador escuchar esto, pero habrá a quien le resulte difícil de creer.
MC: El camino del Espíritu exige una sinceridad total, si mientes, si dices lo que no sientes, si hablas de lo que te gustaría ser y no de lo que eres, haces un agujero muy importante en el equilibrio y se paga caro. Yo no me atrevería a decir esto ni algo parecido si no fuera porque a lo largo de mi conducta -no de mis palabras- lo he notado. Cuando me dejo ir, por así decir, cuando los veo, no siento absolutamente nada. Primero, no me han hecho daño -en lo material sí, pero eso no tiene importancia-. Mis relaciones familiares se intensificaron; el respeto mío por mi mujer y por mis hijos aumentó exponencialmente y el suyo hacia mí. Es muy fácil caminar por las moquetas de los salones financieros, no es tan fácil caminar por los patios de la prisión y sin embargo el que caminaba era el mismo. Y, segundo: sabía lo que hacía, nadie me obligó.
FA: La libertad es entonces honestidad con uno mismo… la certeza de que uno es capaz de caminar en paz por un patio de presos…
MC: Al final, la libertad no es un asunto físico; por mucho que te encierren en un entorno físico. Te imposibilitan para una serie de cosas, pero no te privan de la libertad verdadera, que es la del espíritu. ¿Cuándo se es libre? Cuando se es digno. Y la dignidad es uno de esos conceptos que no cabe mediopensionista: o se es digno o no se es. Una mínima indignidad contamina todo. En mi camino espiritual, un día traté de buscar una síntesis, el verdadero patrón: ¿la individualidad? ¿la vacuidad?... No: la limpieza de corazón. Punto. El lenguaje del corazón es un leguaje común a los esoterismos. Trasciende las palabras -es lo que dice Zhuangzi: “¿cuándo encontraré un hombre con el que pueda hablar sin palabras?”- y va más allá. No trates de responder con abstracciones mentales; simplemente sé limpio de corazón; límpialo. Yo practico un mantra, por así decirlo, a diario; me digo que el Espíritu no cabe en una estancia sucia, además es muy meticuloso, es muy pesado, como haya la más mínima suciedad, se va. Entonces tienes que limpiar las cavidades del alma de todo tipo de olores, de suciedades, hay que tener el corazón limpio para ser digno. Y si eres digno, eres libre. Si no tienes el corazón limpio estás esclavizado por el demonio de turno, que es tu vanidad, tus cosas… Cuando era presidente de Banesto dije un día a mi secretaria, que todavía está aquí: “Paloma, el hombre que es sus cosas, con sus cosas muere. Ahora estamos aquí y esto es muy importante, pero esto es una cosa nada más… trátalo así y serás libre, si lo tratas como si fueras tú, serás una esclava. Si algún día nos lo quitan, si yo soy yo, seré yo y no pasará absolutamente nada”. Nos lo quitaron y aquí sigo.
FA: ¿No está en la materia el Espíritu? MC: La materia como concepto excluyente del Espíritu es una barbaridad, el Espíritu fluye por todos lados. Hay que cuidar el cuerpo, porque es el vehículo que nos ha sido dado para almacenar este “trozo” de Espíritu y seguir progresando. Por eso la austeridad tiene sentido en la medida en que los abusos del cuerpo se pueden transformar en suciedades en esa cavidad del alma y hacer que se vaya el Espíritu. Estoy dando vueltas al principio de continuidad de la forma. La materia aparentemente es densa, pero cuando profundizamos, no hay nada. Entonces, en el orden vibratorio de los 9,8 metros por segundo al cuadrado (la aceleración que determina la fuerza de gravedad) que es donde estamos, las cosas tienen una forma. Si aumentamos la presión, nos morimos: si la disminuimos, nos expandimos. Cuando una persona muere, en realidad lo que ocurre es que se produce una disgregación, pero no una eliminación de vida. ¿Hay alguna posibilidad de demostrar que no pervive un cuerpo con un orden vibratorio distinto? No hay ninguna posibilidad. Probablemente es más fácil de demostrar que algo de eso se produce, que lo contrario. Yo creo que ese orden vibratorio no tiene forma porque, al no obedecer a la presión de 9,8 metros por segundo al cuadrado, no necesita de forma, pero está. Entonces inunda corazones. Cuando Lourdes moría yo le decía que no se preocupara –no sé si era consciente o no- porque iba a vivir siempre en mi corazón y en el de las personas que la queremos. Eso, que suena bonito, que suena romántico, lo más importante es que es cierto. Y no es cierto en el plano literario, que también, sino en el plano metafísico, en el sentido estricto hay una vibración que se va prolongando y continuando en los siguientes. Es decir, cuando yo muera, tendré sitio en el corazón de mis hijos y Lourdes tendrá su sitio. Esa es la humanidad: tu sitio, mi sitio, nuestro sitio… no hay ningún sitio, sólo hay un sitio.
FA: ¿Es el sitio del amor en estado puro?
MC: Claro. Cuando se casó mi hija Alejandra yo le decía: “en el amor no hay dos que se transforman en uno; hay ninguno”. Si hay uno, ya no es amor. El amor puro es ninguno, es fundirse en todo. Siempre ha existido una física y una mística del amor que algunos no han entendido bien. Y por eso el borde de lo sensual en los místicos cristianos, tanto en Eckhart como en Santa Teresa por ejemplo; porque es la manera más adecuada que tenemos de expresar el amor. Como también el dolor. Cuando una persona profundamente amada se va, por mucho que sean tus convicciones potentes, hay un dolor inexplicable. Es un dolor terrible, que nace de las profundidades de la tierra… porque te estás muriendo. Cuando lo amado cambia de dimensión, estás muriendo y en ese momento estás renaciendo. El día que Lourdes se murió, algo de mí murió y estoy renaciendo en sentido estricto además. Esta vez tutelado por su vida, por su obra, por su ejemplo, y por esa vibración de otro orden que sigue viva.
FA: La poesía mística se entiende aunque no pueda explicarse…
MC: La palabra no sirve para el mundo del Espíritu pero no tenemos otra cosa y a veces es una tragedia. Por eso voy a publicar La palabra y el Tao. Yo me encontré con tres versiones del Tao te ching con contenidos a veces divergentes. ¿Cómo era posible? Aprendí entonces el papel distorsionador del lenguaje. Yo escribía en cartulinas las tres versiones de un mismo aforismo y las ponía en la mesa de la celda para tratar de encontrarles el sentido, y encontré una cosa: el literalismo, el atender a la palabra es una idolatría. Trasciende la palabra y encontrarás el sentido. De repente sentía que había comprendido algo, aunque no lo pudiera explicar. Krishnamurti habla de incorporarlo al torrente sanguíneo. Aunque no sepamos cómo entra, cuando está, ya no se va.
FA: ¿Por qué madruga tanto? ¿Qué le reporta el silencio?
MC: Me levanto a las cuatro y media de la mañana. Antiguamente, cuando estaba Lourdes, tenía que evitar hacer ruido… ahora, lo echo de menos. Y me gusta el silencio. Es mucho más que gustarme, me parece imprescindible. En el silencio nos escuchamos a nosotros mismos. Hay mucha gente que no le gusta lo que escucha y entonces prefiere que la aturda el ruido externo. Pero sin silencio no se puede caminar en el Espíritu. Rezar es silencio, meditar es silencio. Amor es silencio. El amor con ruido es ruido. Quien no es capaz de estar en silencio no es capaz de estar en si mismo con mayúsculas. El ruido permite estar con el sí mismo con minúsculas, con la personalidad. El ruido sirve para Mario Conde-presidente de Banesto, pero no para la divinidad de la que somos posada transitoria. El silencio permite ser honesto y limpio de corazón, permite revisar los verdaderos impulsos de lo que se hace. Por ejemplo, permite discernir si damos una entrevista por vanidad o para ayudar. Nadie es inmune a la vanidad y yo la he sentido en muchas ocasiones. Ahora soy libre porque no tengo vanidad; yo ya no mido las consecuencias de mis actos ni de mis palabras en términos de que repercutan o no sobre mí, sino si sirven o no para terceros. La razón por la que he dado una segunda entrevista en televisión fue porque me llegaron muchas cartas de personas que estaban sufriendo y que me decían que les había ayudado, y pensé “pues ahí voy otra vez”. Y ahora han sido miles, las personas que han puesto correos… bastaría con una. Hay una persona que me ha llamado, que tiene lo mismo que Lourdes y que simplemente quería que le dijera dos palabras.
FA: Ha estado recientemente en un monasterio del Císter. ¿Se necesita acudir a retiros para luego estar en el mundo de todos los días conectado a esa limpieza de corazón? MC: Desde pequeño, las películas que me gustaban eran de monjes y de samuráis. Sabía que más tarde o más temprano iba a ir a un monasterio. Lourdes lo presentía e incluso creo que llegó a comentarlo con sus hijos. Tenía esa asignatura pendiente. Allí se tiene la experiencia del silencio. Cualitativamente no es distinto a mi vida, pero hay más tiempo de soledad, menos ruido… El silencio es una actitud, no necesariamente un resultado físico, así que claro que se puede estar en mitad del ruido de todos los días con el silencio interior que da la limpieza. Aunque el silencio físico ayuda. Yo tengo el sueño de crear un centro para nutrir el Espíritu, igual que hay sanatorios para adelgazar. Sería un lugar de silencio y absolutamente ajeno a cualquier confesionalidad, con momentos para lo que los monjes llaman “capítulo”, uno o dos al día, para exponer temas que tengan que ver con el mundo espiritual, y donde la gente pueda ir sinceramente a encontrarse consigo mismo o a encontrarse con lo que sea pero envuelto en silencio. Además de los centros de meditación cristianos, budistas o hindúes, existen los de las nuevas colectividades, como Findhorn o Auroville. Todo está muy bien y creo que son utilísimos, pero sueño con un sitio neutro para estar en silencio.
FA: ¿Hasta dónde llega su capacidad de ayuda, después de su trayectoria vital?
MC: Hasta dónde llega no lo sé. Hay un hecho crucial en mi vida que es la muerte de mi mujer, que ha desarrollado una necesidad casi biológica de ayudar en el terreno en donde creo que más desesperada está la gente, que es la ausencia no sé si de referente, de sentido a sus vidas. En tanto en cuanto yo haya crecido, habrá crecido mi capacidad de ayuda, porque la capacidad de ayuda de uno depende de lo que se tenga dentro. En los momentos de percepción mediática que vivimos tengo que aceptar que cosas como las entrevistas de televisión han ayudado mucho. Por ejemplo, uno de los correos que he recibido es de una chica muy inteligente, con una enfermedad de glucogénesis que le genera una incapacidad permanente. Me ha mandado sus fotos y es impresionante. Con una sonrisa enorme y con un texto que decía que mis palabras habían sido un impulso. Lo más gratificante que me puede pasar es que me diga algo así una persona lisiada. Todo por una entrevista, por unas palabras. Eso es lo que yo quiero. Quiero más posiblemente. Quiero restaurar la idea… han fracasado los materialistas. La religión puede ser un producto tóxico, pero el materialismo puede ser heroína pura. No se puede hacer nada ni mejoraremos política, ni cultural ni económica ni socialmente si no recuperamos el papel del Espíritu en nuestras vidas. Cuando me dicen que estamos mejor que hace no sé cuánto tiempo, yo digo “¿Mejor? Cuando mueren 5.000 niños al día, cuando hay genocidios, cuando un país está mejor que antes porque han muerto cientos o cientos de miles de personas, ¿eso es mejor?”. El problema no está ni en los sistemas políticos, ni en la democracia: está en el hombre. El producto humano que está en estos momentos dirigiendo el mundo, al verse desconectado del sentido de la trascendencia, no sabe dónde anclar valores tales como la dignidad, ¿dónde se ancla? Hablan mucho de la ética laica, bien, pero la ética laica, sin un sentido de trascendencia es a mi juicio muy frágil, tremendamente frágil y la historia lo demuestra.
FA: ¿Bastaría con madurar como personas y poner en valor la capacidad de servicio?
MC: Y darnos cuenta de que no es que mueran 5.000 niños, es que los estamos matando. No hay nada de lo que está ocurriendo en el mundo de lo que no seamos absolutamente culpables. No hay un tema de otros que no sea de nosotros. Occidente se ha desentendido… Simplemente, con que asumiéramos que todas esas cosas están pasando porque estamos consintiendo que pasen, simplemente con eso, el mundo cambiaría. Pero nos han enseñado a que “yo soy yo, y los otros son los otros, mis actos no tienen nada que ver con los actos de los otros…”. Eso es sencillamente falso: metafísica, física, económica, cultural y socialmente.
FA: ¿Está cambiando todo eso? ¿Hay algún indicio?
MC: Yo creo que sí. La Iglesia Católica en España, por ejemplo, que ha sido el modelo dominante durante siglos, está cayendo en la percepción de la juventud, pero no toda ella se está refugiando en el nihilismo ni en el hedonismo. Lo que ocurre es un cambio de conceptos. La solidaridad ha dejado de ser un planteamiento político para ser un planteamiento humano, como la noción de la comunidad y de la convivencia; las consecuencias dramáticas de un capitalismo brutal se están transformando en términos de convivencia. La sensación que había hace diez años de que estábamos ante el fin de la historia es rotundamente falsa. Estamos en el principio de la historia afortunadamente. Creo que lo que dicen del Kaliyuga es verdad, en el sentido de que se están descomponiendo los restos de una civilización basada en la no trascendencia, y se está recomponiendo. Yo veo que hay muchos que no se dan cuenta de que esto está pasando pero afortunadamente pasa, lo de menos es que se den cuenta o no. La Nueva Era, factores más o menos anecdóticos aparte, tiene un fondo, tiene un fondo crístico, un fondo profundo que está llamando a mucha gente y eso es muy positivo. Con que eso pase estamos ayudando. No arreglaremos nada, absolutamente nada, con modificar leyes políticas o sociales, si no arreglamos antes al hombre. Hay que empezar desde los cimientos -la educación es la clave- y darle al hombre el sentido de trascendencia que tuvo siempre al margen de la religión en concreto. El ensayo que hemos hecho de un hombre sin trascendencia nos ha conducido a esto.
FA: ¿Los cimientos del hombre desde uno mismo?
MC: Absolutamente. Pero desde uno mismo, no como separado de todos sino como integrado en todos, y empezar por todos a la vez.
FA: Solo unas palabras sobre su estado interior y su ánimo, para terminar.
MC: Hay un dolor frío; podemos convivir con el dolor, pero no tenemos derecho a convivir con la tristeza, la tristeza es en el fondo un egoísmo y es una cobardía; el dolor es un sentimiento sano; la tristeza es epidérmica, es social, y el dolor es profundo. Hay un dolor interior que no se ha ido porque no se puede ir, pero al mismo tiempo hay una percepción de que eso sucedió por algo y para algo. Y ahora tengo un tipo de contento diferente, es una alegría distinta, es una alegría que no se olvida de su amigo el dolor pero que me permite hacer cosas como las que hemos hablado y muy tranquilo. El día que me estaban haciendo el tac, -esto es absolutamente verdad- miré para arriba y pensé “ahora suponte que te dicen que tienes un tumor de pulmón como el que cuentan por la calle, ¿cómo te enfrentas a la muerte?”. La primera reacción fue “bueno, ¿tengo el valor que tuvo Lourdes?” y seguí: “ése es un término de comparación; bien, al margen de esas comparaciones, ¿cómo te enfrentas?”. Y me di cuenta de que estaba sonriendo. Todo está bien

MARIO CONDE

MARIO CONDE «Hay instituciones que están muertas, pero no lo saben. Me recuerda a El sexto sentido» El interés por lo trascendente le viene de lejos, pero fue en la cárcel donde el ex presidente de Banesto, el hombre más envidiado y emulado de los 80, dio rienda suelta a su debilidad por las cuestiones esotéricas. Hoy, recién publicado su libro Cosas del camino, se atreve a profetizar en Magazine la 'nueva conciencia' que vendrá tras la crisis.

Por SILVIA GRIJALBA. Fotografía CHEMA CONESA

Tiene algo de personaje de El Greco peinado hacia atrás, con esa elegancia que aportan la delgadez, algunas arrugas y un cierto aire de melancolía que no tenía el amo del universo de hace 20 años. Pero no, no va en chándal (como se ha leído por ahí), ni vestido con una túnica blanca, ni entona cánticos exóticos, ni, como él mismo remata, ha perdido la cabeza. «Hombre», apostilla con leve sonrisa, «no sería raro que alguien pudiera pensarlo. Pero eso es que no me conoce, porque yo siempre he estado interesado por estos temas, desde que tenía 17 años».

Con «estos temas», Mario Conde se refiere a la espiritualidad, y la espiritualidad, claro, va por dentro. Por fuera, Mario Conde nos recibe con su porte intachable de siempre: zapatos castellanos, corbata de seda y un impoluto traje gris cruzado.

Romper con el tópico es complicado. De entrada, resulta difícil creer en el nuevo Mario Conde que se ha dejado entrever en sus últimas entrevistas televisivas: un estudioso del mundo espiritual, sin aparente rencor después de la lluvia caída, que ha pasado los años de prisión meditando y estudiando el Tao y la Biblia. Porque recordemos de quién estamos hablando. De Mario Conde, el adalid del éxito, el hombre más envidiado, odiado, admirado y emulado durante los años 80… Si Tom Wolfe le hubiera conocido, seguro que le habría inspirado una nueva versión de La hoguera de las vanidades, tan larga, que ahora tendría una segunda parte de la novela aún más interesante que la primera.

P.Cuando usted estaba en la cárcel, su mujer le dijo que no iba a haber quién le sacara de allí, que estaba haciendo exactamente lo que llevaba años deseando: estudiar, leer, meditar…

R.Sí, efectivamente. En una visita que Lourdes me hizo con mi hija Alejandra, ésta me dijo que me veía feliz, cuando, claro, lo lógico, si vas a ver a tu padre a la cárcel, es que esté derrotado, deprimido… Pero tenía razón. Estaba haciendo lo que yo, a los 17 años, cuando Lourdes y yo nos conocimos, quería hacer. Levantarme de madrugada, disfrutar del silencio de esas horas, estudiar, profundizar en temas relacionados con la espiritualidad, la trascendencia y meditar, que es algo que me ayudó entonces y que sigue siendo muy importante en mi vida, porque al fin y al cabo, lo que consigue es ponerte en contacto contigo mismo, con tu esencia y eso sólo se logra así, con el silencio. Eso es lo que siempre me ha interesado y había tenido que dejar un poco de lado durante años, porque con Banesto había tenido menos tiempo para dedicarme a ello. Mario Conde ha abandonado su mirada de Mario Conde, la que imaginamos que pone cuando habla de su pasado financiero. Relaja la mandíbula, baja la voz, entrelaza los dedos…. Cuenta que, al principio, a los 17 años, pensó que la respuesta estaba en el catolicismo. Después, según confiesa, hacia el 68 –claro–, pasó por una etapa existencialista, pero Sartre tampoco le convenció e inició el largo recorrido, la investigación propia, sincrética, apartada de la ortodoxia de las religiones establecidas....

P. Usted ha dicho que las creencias son «analgésicos para el alma». ¿Vivimos en una sociedad de la analgesia, donde no se busca la cura sino la anestesia?

R. Sí, efectivamente, estoy convencido de que las creencias religiosas son analgésicos espirituales, pero no curan. Hay un momento en la historia de la farmacopea (no así en China) en la que se abandona al hombre y en vez de intentar curarle, se pasa a intentar apaciguar el dolor y se empieza a volcar todo el esfuerzo en crear analgésicos. Y eso se traslada, especialmente en la edad moderna, al tratamiento del espíritu. Es la necesidad de atenuar esa angustia de no saber quién soy, de dónde vengo y adónde voy. Y esta sociedad se preocupa de apagar el dolor físico, sin curar, se apoya en las creencias que aportan las religiones para amortiguar el dolor espiritual, pero también de una manera superficial, sin profundizar.

P. ¿Qué es para usted la espiritualidad?

R. La espiritualidad es un sentido de trascendencia. Hay un fenómeno no tangible, que tiene que ver con lo que uno siente, por ejemplo, al ver determinados fenómenos de la naturaleza. A partir de esa emoción sutil, te empiezas a plantear que hay una dimensión con algo que podemos llamar El Todo. Y empiezas a pensar que, quizá, cabe la noción de una materia más sutil que a lo mejor no es aprehensible por los sentidos. Esto, en la Edad Media, sería motivo de herejía, pero ahora sabemos que hay una materia que nos rodea, que son las ondas. De ahí se asciende a lo que podíamos llamar el concepto «alma».

P. Pues ya puestos, ¿qué es el alma?

R. El alma es eso que nos individualiza mientras estamos por aquí.

P. Pero a eso hay quien le llama personalidad.

R. En este mundo del espíritu, hay que acostumbrase a que la terminología no tiene la misma precisión que la ciencia. Sí, hay quien le llama personalidad, pero la personalidad se compone con elementos intrascendentes, como tu nombre, de dónde eres o quiénes son tus padres. Por encima de esos factores tenemos un alto reconocimiento interior y eso coincide, precisamente, con la capacidad de emocionarse ante determinadas cosas.

P. En su libro Cosas del camino, usted se refiere a esa corriente que relaciona cosas tan dispares como la física cuántica y lo espiritual, Dios, el alma…

R. Los buscadores científicos del alma dicen que la física cuántica no consigue demostrar que el alma existe, pero es que tampoco encuentran la materia esa de la que hablan. Han descompuesto el átomo, han llegado a los quarks y, al final, lo que encuentran es un vacío… Ese vacío no es vacío, ese vacío está lleno de sustancia sutil. Tan sutil, tan sutil, que nosotros, que somos unos groseros, le llamamos alma. ¿Que quieren llamarle energía? Pues energía. ¿Que quieren llamarle lo que sea? Pues nos ponemos de acuerdo, y le llamamos «tunfun», pero está claro qué es.

P. ¿A qué achaca usted el auge de corrientes espirituales fuera de las religiones «oficiales»?

R. A que, por una parte, cuando confundes lo religioso con lo espiritual y lo religioso con una forma de poder, más pronto o más tarde aquello no funciona. Y, en segundo lugar, Occidente, el Occidente mayoritariamente católico, ha fracasado en la gestión del Misterio. No es tanto que la gente se separe de la creencia en el Misterio, es más bien que no se cree que ese intermediario tenga que ser el que lo gestione y quiere hacerlo él mismo, directamente.

P. ¿Y es ahí es donde se explica ese triunfo de algunas filosofías orientales?

R. Efectivamente, en Occidente se está produciendo una cosa interesante que es el orientalismo. Llevamos demasiado tiempo viviendo en una cultura de la frivolidad, y lo espiritual no cabía. Hay una serie de gente que está convirtiéndose, entre muchas comillas, a la espiritualidad oriental, porque está cansada de pelear con los curas y las iglesias. En muchos casos es un acercamiento anecdótico, epidérmico, pero bueno…

P. ¿Hay cierto esnobismo?

R. Algo de eso hay. Técnicas como la meditación están teniendo más aceptación porque no nos suenan a nada de lo que nos han inculcado, ni a esa lucha con los curas… A lo mejor, queda menos elegante decir que estás sentado en el banco de una iglesia de pueblo, rezando, que decir que estás asistiendo a un curso de meditación.

P. Algunos conectan la crisis económica actual con la digamos «cultura de la frivolidad» que ha vivido Occidente durante las últimas décadas…

R. Yo ya lo dije hace tiempo, que estamos en una crisis que no es sólo económica, que es algo mucho más profundo. Concretamente, hablé de ello en el Vaticano en 1992 y en la Universidad Complutense de Madrid. Yo creo que es una crisis de sistema. Sí, muchos hablan de una «crisis sistémica», pero dan a entender que es únicamente del sistema financiero. Pero los sistemas financieros los gestionan personas. Unos señores que son presidentes, que son consejeros delegados, que son directores generales de los bancos, de los que controlan los bancos…

P. Cuando habla de «sistema», ¿a qué se refiere exactamente?

R. Un sistema es algo muy sencillo. Es la manera que tiene el hombre de relacionarse con el hombre y con las cosas. La gente percibe actualmente que, en el capitalismo en su versión más salvaje, el modo de relacionarse el hombre con el hombre, y el hombre con las cosas, no sirve. Y se pueden poner muchos parches, se pueden aplicar miles de trillones de dólares, pero ahí no está la solución… Hay un refrán: «Que tus bienes reparen tus males», pero los bienes del dinero no pueden reparar estos males, porque la cuestión es que no son males del dinero. Se trata de una crisis mucho más profunda, es una crisis de valores.

P. De valores, pero hay que advertir que no estamos hablando de los bursátiles…

R. Sí, sí, claro. Pero lo que puede parecer una broma no lo es tanto. Hace unos meses di una conferencia en Galicia hablando de todo esto, comentando que estábamos asistiendo a una crisis de valores, etcétera. Al final, en el turno de preguntas, un señor bastante mayor pidió la palabra y me dijo: «Don Mario, ya que usted habla de la crisis de valores, ¿nos puede decir en qué valores tenemos que invertir para ganar dinero?». Hubo una carcajada general, claro. A aquel hombre no le cabía en la cabeza que se pudiera hablar de otros valores. No he visto nunca una manera más gráfica de explicar que estamos ante una crisis de valores.

P. ¿Usted es de los que creen que esta crisis es positiva, que va a traer algo bueno?

R. Sí. Yo tengo mucha ilusión con lo que viene después de esta crisis. Me gusta vivir esta etapa de cambio. Cuando tenía pocos años, pensaba: «Al descubrimiento del cosmos no voy a llegar, América y todo eso ya está descubierto… ¡Pues vaya aburrimiento!». Pero ahora vamos a descubrir algo realmente nuevo: un nuevo proceso en las relaciones humanas, y eso me hace estar muy contento.

P. Habla de una transformación total, y las transformaciones suelen ser dolorosas.

R. Por supuesto, hay cosas inevitables. Yo creo que, lamentablemente, habrá rebrotes racistas. Sí, habrá momentos duros, pero todo eso pasará y lo que está por venir es muy positivo. Las estructuras básicas van a cambiar. Yo veo un nuevo sistema financiero, veo una sociedad que se va a fijar más en la estructura social de la convivencia y no en la acumulación por la acumulación.

P. Quizá ahora sea el momento de retomar esa idea que tuvo en 1993 de hacer una Fundación del Hombre…

R. Pues es algo que me vuelve a rondar la cabeza. Sí, estando en Banesto, en 1993, estaba muy enfadado con el hombre, con el producto humano que estábamos construyendo. Quería montar una Fundación del Hombre para decir: «Reflexionemos sobre lo que estamos haciendo, hacia dónde vamos», desde una dimensión espiritual. Eso ha sido algo que, como ya digo, me ha preocupado siempre, lo que pasa es que pocas veces trascendía a los medios de comunicación. Pero durante mi etapa en Banesto también organicé un Encuentro de las tres religiones, por ejemplo.

P. Una de las personas con las que contactó para crear esa Fundación del Hombre fue el marqués de Nothfort, uno de los nombres más relevantes de la masonería británica. Siempre se ha hablado de su relación con esa institución. ¿Pertenece usted a ella?

R. Efectivamente, el marqués de Nothfort era el gran maestre de Inglaterra, pero yo ya hace más de 20 años que no tengo ningún contacto con la masonería. En España ha sufrido muchos ataques. Por una parte, desde fuera, con el franquismo, que tenía una especie de obsesión con la conspiración judeomasónica. Y, por otra, desde dentro, porque había mucha gente que estaba metida en ella movida por cualquier cosa menos por una cuestión espiritual. Lo veían como una hermandad de socorros mutuos o como una vía para llegar al poder… Y eso mismo ha provocado su muerte. Se están haciendo, según me consta, esfuerzos muy notables por regenerarla en nuestro país, para devolverle su verdadero sentido, pero no estoy seguro de que se consiga.

P. Volviendo al día después de la crisis, ¿ve usted ya algún atisbo de esa «nueva sociedad» en la que tanto confía?

R. Sí, se está conformando una masa crítica de conciencia. Me refiero a eso que, si aludimos a Jung [Carl Gustav, psiquiatra suizo fundador de la psicología analítica], también podríamos decir que es un «inconsciente colectivo», aunque yo lo llamaría «consciente colectivo». Está empezando a surgir esa masa crítica, que es muy importante, porque ese pensamiento colectivo en una dirección concreta hace que el resto sintonice con esas ondas de pensamiento. No es algo nuevo. Un monasterio cisterciense, por ejemplo, es un lugar donde se crea una masa crítica de pensamiento, donde los monjes rezan, piensan y crean esa corriente que beneficia a toda la Humanidad.

P. Donde parece que no acaba de llegar esa masa crítica es a algunas grandes instituciones…

R. Sí, a mi todo esto me recuerda a la película El sexto sentido. Hay instituciones que están muertas, pero ellas no lo saben. Es como en la Revolución Francesa, cuando llevaban a los nobles para guillotinarlos y ellos saludaban a la muchedumbre, pensando que en vez de abuchearlos, los estaban aclamando.

P. Alguno podría pensar que dice esto (si obviara que ya lo decía en los 90) porque está resentido con todo «aquello»...

R. Si yo mintiera al decir que salí de allí sin odio y sin rencor sería un imbécil, entre otras razones, porque esas cosas se notan... Realmente, me permito ver el sistema financiero sin ningún tipo de rencor y decir claramente, porque lo sé: «Es que esto no es». Y, además, lo digo desde el que ya no tiene ninguna aspiración, de ningún tipo. A estas alturas: ¿a qué voy a aspirar? Pero sé que puedo ser muy útil y por eso tengo que decirlo aquí o en mi blog, donde ya hay una serie de gente que se da cuenta de todo esto.

Mario Conde: “No sentía vértigo pero sabía que algo iba a pasar”

Mario Conde conoció el poder y formó parte del sistema que él mismo define como “una conjunción de medios de comunicación, finanzas y política”. El ex banquero confiesa haber sido expulsado del paraíso para ser conducido a la soledad de la cárcel. Hoy, con los mismos ojos, mira de otra forma. En su retiro de A Mezquita (Ourense) deja el pasado atrás, se afirma en el presente y trata de atisbar futuro.

Usted llegó muy arriba y lo hizo muy rápido. ¿En algún momento tuvo sensación de vértigo o no tuvo tiempo?

Si tú te identificas con lo que eres sí. Yo alguna vez paseaba por la calle Alcalá, ejercía como abogado del Estado y enfrente estaba la central de Banesto. Miraba a Banesto y decía qué habrá allí dentro, qué pasará allí dentro, porque los que suelen escribir sobre los bancos, como los que suelen escribir sobre el poder, son espectadores que reciben alguna información que generalmente es bastante intencionada. Entonces, el día que me senté en la mesa de Banesto, dejé de ser un espectador y empecé a ver cómo funcionaba verdaderamente y de primera mano. Más que vértigo, sientes que de ti no solo dependen 20.000 personas, sino que dependen decisiones que pueden afectar a la economía de un país. Me dije a mí mismo que para qué estaba allí, y que si la vida me había dado esa oportunidad, que yo no quería, sería para algo, y tuve una actitud al margen de los intereses del sistema. Vértigo no tuve, miedo tampoco pero yo estaba convencido de que algo iba a pasar.

De usted se ha dicho que era amigo del Rey y, al mismo tiempo, que conspiró contra él; que era amigo de Polanco, pero que a la vez tenía intereses en El Mundo; que la masonería lo ayudaba, pero que el Opus Dei le veía con buenos ojos. De todo lo que se dice, ¿Qué es verdad y qué no lo es? ¿Está dispuesto a contar y a distinguir el grano de la paja?

Luis María Ansón, hace poco tiempo, explicó que en el año 1993 existía una corrupción política generalizada. Decía que en aquel entonces en José María Aznar no creía nadie y que Felipe González tenía un partido dividido. La debilidad estructural del sistema era muy grande y muchos intelectuales escribían sobre un gobierno de salvación nacional. Él dijo que en los medios aparecía mi nombre. Entonces contó que se reunieron los partidos políticos y decidieron echarme. Yno solo echarme, sino aplastarme para impedir que se formase un gobierno de salvación. ¿Es eso verdad?, Anson añade, lo digo yo porque estaba en la fila 0. Lo único que está claro, a la vista de lo que está pasando en el mundo, es que la decisión sobre Banesto no tuvo nada que ver con lo financiero. Ahora ya lo sabemos, hace unos años no.

En un sector de los medios y entre algunos líderes de la opinión se cantan las virtudes del liberalismo. Se habla de libertad y propiedad, menos impuestos, más seguridad. ¿Cómo escucha esta melodía?

No creo que la solución esté en el liberalismo pero no lo creo como una demostración teórica sino empírica. La desregulación financiera es la que provocado todo el caos. Yo, en el año 1992, ante el Papa y el Rey, defendí que el mercado no era la solución: una de dos, o introducíamos factores de corrección al funcionamiento del mercado o nos veríamos abocados por el capitalismo a una situación grave, ya que nos ha demostrado que por sí solo no funciona. El mercado es una entelequia y no va bien por las personas que lo administran. El problema está en una serie de señores que han manejado ingentes cantidades de dinero con una estructura moral laxa y que han hecho operaciones en su propio beneficio; ocupémonos en educar a las personas que administran el mercado porque si las educamos en los valores del cortoplacismo, da igual que sean liberales o medio pensionistas. No obstante, también en sistemas donde no ha triunfado el mercado hay grandes fracasos. ¿Por qué han fracasado el marxismo y el liberalismo puro? Por los hombres, por el esquema de valores de quien administra el sistema. Lo importante es el material humano.

Entonces, tenemos que volver a Cádiz y a sus proclamas de leyes sabias y justas o al gobierno de los sabios de Platón. Implica un cierto buenismo lo que está diciendo...

Tenemos que poner el acento en la educación y no en la producción de normas. No me sirve de nada una ley, porque son definiciones abstractas. Una sociedad no se rige por una ley sino por las personas que las administran, ésa es la clave. Si tú tienes el convencimiento de que el ser humano tiene tendencia a escorarse al egoísmo y si, encima, le das leyes liberales, el resultado se ve venir. Hay que cortarle al ser humano las alas que le permitan volar en una dirección incorrecta.

¿La crisis que padecemos a nivel mundial está bien dimensionada?

Si hay alguien que diga que una sociedad con cuatro millones de parados no está en crisis me ahorro el adjetivo. Si alguien dice que estamos saliendo de la crisis porque sube la Bolsa cuando aumenta el paro, también me voy a tener que ahorrar el adjetivo. Un sistema que ha conseguido generar cuatro millones de desempleados es un sistema que ha fracasado, es una sociedad fracasada. Por tanto, saldremos de la crisis cuando nos acerquemos a niveles de empleo óptimos. Están acostumbrados a tratar a la gente como si fueran números. Detrás del desempleo hay un drama personal. Yo tengo un sobrino que tiene 34 años, que ha ido haciendo las cosas bien y me pregunta: “Oye, ¿qué he hecho mal?”. Claro que hay una crisis muy profunda, pero como resulta que ya caemos menos en el PIB o ha subido la Bolsa, nos quedamos tan frescos. Volvemos a los parámetros de la eficiencia económica que no tienen nada que ver con la eficiencia social.

Y la solución… ¿Cree que el Gobierno hace lo correcto?

Este Gobierno hace cosas bien y otras mal. Cuando hay una crisis sistémica no hay magos salvadores. El Gobierno hace cosas de improvisación porque los datos le están cayendo encima. Yo no me creo que no supieran nada en 2008, pero tampoco creo que lo supieran todo. Tampoco creo que el señor Solbes sea tan malo ahora y tan bueno antes y hubiera que destituirlo. Al señor Solbes hubo que destituirlo porque defendió la teoría de la riqueza financiera que está en la base de la crisis.

Desde la otra orilla vienen dos recetas: recortar el gasto público y flexibilizar el mercado laboral…

Es lo único que se les ocurre a los intelectuales: flexibilizar el mercado laboral. Tenemos cuatro millones de parados y si flexibilizamos más, ¿qué va a pasar?. Segundo problema, claro que hay que recortar el gasto en lo posible pero en épocas de crisis y de bonanza. Lo que ocurre es que si tú tienes tal cifra de desempleados en una sociedad y no los atiendes de una manera medianamente digna, lo que vas a tener es un problema muy grave. Una sociedad no se puede permitir millones de personas en paro; de algún sitio tiene que salir el apoyo que necesitan. Habrá que recortar el gasto, pero ¿cómo es posible no incrementar la presión fiscal cuando se dan circunstancias extraordinarias y hay una serie de personas que lo necesitan? Yo no sé cómo se hace. ¿Qué se consigue dándole a la máquina? ¿Emitiendo papel moneda? Pero si es que emitir papel moneda es una forma encubierta de impuestos. Es que es una engañifa.

¿El único modelo que vale es el capitalismo…El socialismo real ha fracasado o puede reinventarse?.

La sociedad occidental ha fomentado el individualismo, la ausencia del sentido comunitario, no hay una noción de pertenencia a una comunidad. En todo caso, pertenencia a un grupo de intereses con un componente económico sustancial y menos social. Esa es la estructura que hemos creado. La estructura individual se ha traducido en una sociedad plana sin mecanismos de respuesta; tenemos crisis sí, grave, sí. Dígame una universidad que haya dicho algo importante, dígame un colegio que haya dicho algo importante, dónde están los intelectuales, cuál es la gran ocurrencia de los intelectuales: flexibilidad del mercado laboral para salir de la crisis, ésos son los intelectuales. Los intelectuales han estado presos dentro del sistema, lo único que han consumido son palabras y nada más que palabras, pero la gente les compra las palabras y el resultado final es individualismo recalcitrante y una mentira lacerante. Hemos perdido el sentido de comunidad y hay un efecto centrípeto, vuelve cada uno a identificarse con una comunidad y entonces volvemos a reconcentrarnos en nuestros pequeños grupos. El renacimiento de las identidades no es un problema de dinero, sino de autoidentidad.

Pero existen otras voces que desde la razón proclaman otras alternativas y no se les escucha.

No los conozco, pero la sociedad está obligada a estructurar plataformas organizativas para que los intelectuales puedan introducir mensajes.

También España está en una encrucijada. Algunos ‘profetas’ dicen que ya no existe ….

¿Que no existe España? No entiendo eso. Mire, cuando entramos en el euro, entramos en un proceso constituyente porque estábamos perdiendo parte de soberanía. Ahora nos encontramos en una estructura en la que algunos españoles piensan que no funciona adecuadamente. En 2001, Aznar proclama que consiguió el milagro del euro. Hoy algunos ponen en cuestión este éxito y dicen que fue un proceso precipitado. Ahora bien, respecto a los poderes territoriales, si se cede la soberanía monetaria y LA parte de la soberanía de defensa parece bastante lógico qué los entes territoriales tengan una tendencia al entendimiento más directo con la zona del poder. La estructura del estado español es costosa, siguen sin definirse los esquemas de competencias, hay duplicidades, no se atreven a ceder poder a las autonomías. Hace falta una revisión del sistema para que funcione mejor y con menos coste. Soy partidario de desconcentrar poder y de que el ciudadano tenga el poder más cercano, pero siempre que no implique duplicidades y que genere costes que luego no podemos pagar.

Lo que ocurre es que entran en juego identidades y sentimientos. En Cataluña y Euskadi están muy marcadas y asumidas, y en Galicia existe un sentimiento nacional creciente...

Soy, por parte de padre, de Allariz y, por parte de madre, de Covelo. Cuando salí de Galicia para Alicante, a los 9 años, a mi hermana le decía: “Imos morrer porque non chove”. El gallego tiene un sentimiento de que es gallego. Yo creo que es mucho más profundo que el catalán o el vasco porque no conozco una estructura jurídico-política que defina el Estado vasco; sí lo hubo en Cataluña dentro de las Cortes de Aragón. En Galicia, tú te asomas ahí y vas a ver Galicia, Portugal y Castilla; si eres capaz de decirme dónde empieza uno y dónde termina otro, yo me haré excluyente, mientras tanto no. Nosotros tenemos un sentido de que somos de aquí. Nunca hemos dejado de ser gallegos perteneciendo a Asturias, Castilla... El sentimiento gallego es extremadamente profundo.

Y Galicia, ¿se queda o despega?

Yo tuve muchas dudas. Tenemos una orografía complicada pero nos hemos librado de las estructuras cortesanas, las revueltas han sido más lentas y hemos crecido más pausadamente. Hoy tenemos el índice de paro más bajo de España, tenemos menos dinero prestado en promoción inmobiliaria...Galicia tiene una estructura macroeconómica más adecuada. Creo que está llamada a jugar un papel más importante que el que históricamente nos han asignado.

¿Le sorprendió el cambio político?

Me sorprendió por lo corto en el tiempo. Me resisto a creer que, sinceramente, una fotografía en un yate haya sido determinante en el cambio. Prefiero sentirme gallego de otra manera, creo que a lo mejor no se hicieron las cosas bien.

La foto en un barco, las sillas para el despacho de Touriño y el coche oficial del entonces presidente fueron los ejes de la campaña…

Me llama la atención el tema del barco pero, vamos a ver, ¿qué tendría que fotografiarse , en una barca con remos? Me pregunto: ¿entonces sería diferente? No me parece serio y prefiero pensar que mi pueblo no vota en función de una fotografía, quiero pensar que el pueblo es un pueblo maduro.

Puede ser que con la derecha los gallegos sean más permisivos.

Puede ser y seguramente es así, pero la izquierda tenía más obligación. Si la izquierda tiene un diagnóstico y quiere introducir factores de cambio, tiene que hacer una radiografía de su pueblo.

Su vida transcurrió algunos años en una cárcel. Háblenos de su prisión.

Y por qué no te vienes conmigo a ella [risas]. Dicen los místicos que la verdad es una experiencia; te vienes y lo cuentas. [La conversación se interrumpe y contesta al teléfono en gallego: “Chámote despois, estou nunha cousa”.]

¿Fala vostede galego?

Antes de que tú nacieras ya hablaba gallego y no pasaba nada. Hubo un pacto entre mi padre y mi madre: mi padre dijo que mi madre me hablara en galaico-portugués y yo le contestara en castellano, pero por las cosas de entonces. Mi madre siempre me habló en gallego, además soy de Allariz.

¿Quiere decirme que simpatiza con el nacionalismo?

Un día estuve con una chica y me fue enseñando unas obras. Al final del día me dijo que era hermana de Anxo Quintana y que venían de Vilaboa (Allariz). A lo mejor hasta somos parientes, aunque en Galicia parientes somos todos.

En su último libro nos cuenta…

Hablo de una persona que pasa de presidente de Banesto a prisionero. Estuve con mucha gente, pero en la cárcel pasé 15 años y es lo que cuento. En la cárcel estás contigo mismo y el espejo no le gusta a todo el mundo; de hecho, la gente muere en la cárcel. Fíjate en las personas importantes que han estado y no han podido resistir ese espejo: Mariano Rubio, el presidente de Enron, el presidente de Parmalat... Yo me dije: “Aquí no voy a morir, toca aguantar”. Y se aguanta con ejercicio todos los días, todas las tardes y todas las noches.

Ese ejercicio diario, ¿está relacionado con la vida interior y la resistencia moral?

Yo me propuse dos cosas ya que no me importan nada culpabilidades o inocencias. Es una chorrada, si hubiese culpabilidades, ya están pagadas y, si hubiese inocencias, es inútil, nadie me va a devolver mi tiempo. Sí podía hacer una cosa: demostrar la resistencia. Pero, para resistir, hay que estar muy convencido de unas ideas. Estaba charlando un día con una chica que había ingresado por colaboración con la banda terrorista ETA y le pregunté: “¿Qué haces aquí?”. Me dijo: “Estoy aquí por lo que estoy haciendo, ya sé que si soy fiel a mis convicciones me van a meter en la cárcel”. Yo no participo de los ideales de ETA pero, si un hombre tiene una determinación y un ideal, me parece muy importante. Yo me propuse mandar un mensaje: se resiste y no importa que haya sido presidente de un banco, lo importante es que seas persona muy humana, no de cartón. Pasear por las moquetas de la banca lo sabe hacer todo el mundo, pero aguantar 15 años de preso no. Y, si eso se consigue, significa que se puede resistir.

¿Por qué en Occidente no se trabaja la vida interior y emocional?

Esto tiene un arranque muy preciso, hasta el siglo XVI, que es cuando aparece el cartesianismo. El hombre es un compuesto, esto hace que la separación cuerpo-alma del hombre sea inexistente. El tránsito del Medioevo a la edad Moderna es la ruptura de esa sensación de seguridad y la produce Descartes que dice: “Cogito ergo sum”, razono luego soy. Entonces, una cosa es el cuerpo y otra el alma. Los científicos se ocupan del cuerpo y los extravagantes del alma. Se inicia una estructura educativa en lo racional, que estamos arrastrando. Este modelo de lo racional ha fracasado porque no es cogito ergo sum sino razono porque siento, razono porque vivo, razono porque tengo dudas y eso pertenece al territorio de la humanidad.

Parece que nuestro modelo no potencia el autoconocimiento, la autoexploración.

Claro. El problema es que el esquema cartesiano se ha caído y los descubrimientos de la física cuántica están dándoles la razón a los místicos. Le dan la razón de una manera absolutamente integral.

¿Se puede distinguir entre existencia íntima y existencia social?

Durante un tiempo, el hombre intentó entenderse a sí mismo. A partir de ahí, dejó de entenderse, dejó de explicarse, empezó a creer que todo era un mecanismo de razón y Newton explicó la Ley de la Gravedad y la industria farmacéutica siguió la pauta. Cuando ibas a un médico, trataba de averiguar por qué tenías fiebre y la industria farmacéutica pasó a transformarse en una industria del dolor. Ahora se ha descubierto la inmunología, el pensamiento integral de Wilber en el análisis emocional, la física cuántica en la explicación y el mundo ya ha cambiado. Y, mientras tanto, hay señores que andan por ahí y no saben que ha cambiado.

¿Nos siguen determinando las creencias?

Estoy leyendo Biología de la creencia. El papel de la creencia de cómo está organizada la sociedad. Te involucra en una serie de creencias y el proceso de maduración del ser humano es descubrir que las creencias con las que has convivido eran gilipolleces históricas. Las creencias son analgésicos de la angustia. La biología de la creencia te demuestra que tú y yo no estamos condicionados por la estructura genética, el ADN son antenas de frecuencia y ya hay experimentos relativos a este esquema; no conocerlos es casi un delito de lesa humanidad. En la fundación de mi mujer [Lourdes Arroyo] vamos a hablar del peso emocional en la estructura orgánica. Si llegas a la conclusión de que los esquemas emocionales del ser humano pueden transmitirse o transformarse o llegar a convertirse en lesiones orgánicas tendremos que organizar la vida social de tal manera que evitemos al máximo las tensiones emocionales exageradas.

Del mundo de la ideas al de las sombras. Su futuro puede pasar por la vuelta al ágora.

Que los políticos no monopolicen lo público, lo público afecta a la sociedad: las universidades son públicas, los intelectuales son públicos, los que emitimos opiniones somos públicos.

Mario Conde/Metafisica

Mario Conde en Ratores Colorados

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Mario Conde en EL Vagamundo hace unos diez years

Mario Conde, Metafisica !!!! ????

Mario Conde en La Noria