Mario Conde, entrevista Fundación Ananta

To all those distinguished individuals,their lives and their work. I Thank you all for thinking outside the box. Para todos aquellos individuos que he tenido el placer o la desgracia de conocer, que me han ayudado a pensar, a ver las cosas fuera de la norma, a questionar lo comun,lo establecido. A ver un poco mas de la realidad, por cruda que sea. Gracias ithink
Por SILVIA GRIJALBA. Fotografía CHEMA CONESA
Tiene algo de personaje de El Greco peinado hacia atrás, con esa elegancia que aportan la delgadez, algunas arrugas y un cierto aire de melancolía que no tenía el amo del universo de hace 20 años. Pero no, no va en chándal (como se ha leído por ahí), ni vestido con una túnica blanca, ni entona cánticos exóticos, ni, como él mismo remata, ha perdido la cabeza. «Hombre», apostilla con leve sonrisa, «no sería raro que alguien pudiera pensarlo. Pero eso es que no me conoce, porque yo siempre he estado interesado por estos temas, desde que tenía 17 años».
Con «estos temas», Mario Conde se refiere a la espiritualidad, y la espiritualidad, claro, va por dentro. Por fuera, Mario Conde nos recibe con su porte intachable de siempre: zapatos castellanos, corbata de seda y un impoluto traje gris cruzado.
Romper con el tópico es complicado. De entrada, resulta difícil creer en el nuevo Mario Conde que se ha dejado entrever en sus últimas entrevistas televisivas: un estudioso del mundo espiritual, sin aparente rencor después de la lluvia caída, que ha pasado los años de prisión meditando y estudiando el Tao y la Biblia. Porque recordemos de quién estamos hablando. De Mario Conde, el adalid del éxito, el hombre más envidiado, odiado, admirado y emulado durante los años 80… Si Tom Wolfe le hubiera conocido, seguro que le habría inspirado una nueva versión de La hoguera de las vanidades, tan larga, que ahora tendría una segunda parte de la novela aún más interesante que la primera.
P.Cuando usted estaba en la cárcel, su mujer le dijo que no iba a haber quién le sacara de allí, que estaba haciendo exactamente lo que llevaba años deseando: estudiar, leer, meditar…
R.Sí, efectivamente. En una visita que Lourdes me hizo con mi hija Alejandra, ésta me dijo que me veía feliz, cuando, claro, lo lógico, si vas a ver a tu padre a la cárcel, es que esté derrotado, deprimido… Pero tenía razón. Estaba haciendo lo que yo, a los 17 años, cuando Lourdes y yo nos conocimos, quería hacer. Levantarme de madrugada, disfrutar del silencio de esas horas, estudiar, profundizar en temas relacionados con la espiritualidad, la trascendencia y meditar, que es algo que me ayudó entonces y que sigue siendo muy importante en mi vida, porque al fin y al cabo, lo que consigue es ponerte en contacto contigo mismo, con tu esencia y eso sólo se logra así, con el silencio. Eso es lo que siempre me ha interesado y había tenido que dejar un poco de lado durante años, porque con Banesto había tenido menos tiempo para dedicarme a ello. Mario Conde ha abandonado su mirada de Mario Conde, la que imaginamos que pone cuando habla de su pasado financiero. Relaja la mandíbula, baja la voz, entrelaza los dedos…. Cuenta que, al principio, a los 17 años, pensó que la respuesta estaba en el catolicismo. Después, según confiesa, hacia el 68 –claro–, pasó por una etapa existencialista, pero Sartre tampoco le convenció e inició el largo recorrido, la investigación propia, sincrética, apartada de la ortodoxia de las religiones establecidas....
P. Usted ha dicho que las creencias son «analgésicos para el alma». ¿Vivimos en una sociedad de la analgesia, donde no se busca la cura sino la anestesia?
R. Sí, efectivamente, estoy convencido de que las creencias religiosas son analgésicos espirituales, pero no curan. Hay un momento en la historia de la farmacopea (no así en China) en la que se abandona al hombre y en vez de intentar curarle, se pasa a intentar apaciguar el dolor y se empieza a volcar todo el esfuerzo en crear analgésicos. Y eso se traslada, especialmente en la edad moderna, al tratamiento del espíritu. Es la necesidad de atenuar esa angustia de no saber quién soy, de dónde vengo y adónde voy. Y esta sociedad se preocupa de apagar el dolor físico, sin curar, se apoya en las creencias que aportan las religiones para amortiguar el dolor espiritual, pero también de una manera superficial, sin profundizar.
P. ¿Qué es para usted la espiritualidad?
R. La espiritualidad es un sentido de trascendencia. Hay un fenómeno no tangible, que tiene que ver con lo que uno siente, por ejemplo, al ver determinados fenómenos de la naturaleza. A partir de esa emoción sutil, te empiezas a plantear que hay una dimensión con algo que podemos llamar El Todo. Y empiezas a pensar que, quizá, cabe la noción de una materia más sutil que a lo mejor no es aprehensible por los sentidos. Esto, en la Edad Media, sería motivo de herejía, pero ahora sabemos que hay una materia que nos rodea, que son las ondas. De ahí se asciende a lo que podíamos llamar el concepto «alma».
P. Pues ya puestos, ¿qué es el alma?
R. El alma es eso que nos individualiza mientras estamos por aquí.
P. Pero a eso hay quien le llama personalidad.
R. En este mundo del espíritu, hay que acostumbrase a que la terminología no tiene la misma precisión que la ciencia. Sí, hay quien le llama personalidad, pero la personalidad se compone con elementos intrascendentes, como tu nombre, de dónde eres o quiénes son tus padres. Por encima de esos factores tenemos un alto reconocimiento interior y eso coincide, precisamente, con la capacidad de emocionarse ante determinadas cosas.
P. En su libro Cosas del camino, usted se refiere a esa corriente que relaciona cosas tan dispares como la física cuántica y lo espiritual, Dios, el alma…
R. Los buscadores científicos del alma dicen que la física cuántica no consigue demostrar que el alma existe, pero es que tampoco encuentran la materia esa de la que hablan. Han descompuesto el átomo, han llegado a los quarks y, al final, lo que encuentran es un vacío… Ese vacío no es vacío, ese vacío está lleno de sustancia sutil. Tan sutil, tan sutil, que nosotros, que somos unos groseros, le llamamos alma. ¿Que quieren llamarle energía? Pues energía. ¿Que quieren llamarle lo que sea? Pues nos ponemos de acuerdo, y le llamamos «tunfun», pero está claro qué es.
P. ¿A qué achaca usted el auge de corrientes espirituales fuera de las religiones «oficiales»?
R. A que, por una parte, cuando confundes lo religioso con lo espiritual y lo religioso con una forma de poder, más pronto o más tarde aquello no funciona. Y, en segundo lugar, Occidente, el Occidente mayoritariamente católico, ha fracasado en la gestión del Misterio. No es tanto que la gente se separe de la creencia en el Misterio, es más bien que no se cree que ese intermediario tenga que ser el que lo gestione y quiere hacerlo él mismo, directamente.
P. ¿Y es ahí es donde se explica ese triunfo de algunas filosofías orientales?
R. Efectivamente, en Occidente se está produciendo una cosa interesante que es el orientalismo. Llevamos demasiado tiempo viviendo en una cultura de la frivolidad, y lo espiritual no cabía. Hay una serie de gente que está convirtiéndose, entre muchas comillas, a la espiritualidad oriental, porque está cansada de pelear con los curas y las iglesias. En muchos casos es un acercamiento anecdótico, epidérmico, pero bueno…
P. ¿Hay cierto esnobismo?
R. Algo de eso hay. Técnicas como la meditación están teniendo más aceptación porque no nos suenan a nada de lo que nos han inculcado, ni a esa lucha con los curas… A lo mejor, queda menos elegante decir que estás sentado en el banco de una iglesia de pueblo, rezando, que decir que estás asistiendo a un curso de meditación.
P. Algunos conectan la crisis económica actual con la digamos «cultura de la frivolidad» que ha vivido Occidente durante las últimas décadas…
R. Yo ya lo dije hace tiempo, que estamos en una crisis que no es sólo económica, que es algo mucho más profundo. Concretamente, hablé de ello en el Vaticano en 1992 y en la Universidad Complutense de Madrid. Yo creo que es una crisis de sistema. Sí, muchos hablan de una «crisis sistémica», pero dan a entender que es únicamente del sistema financiero. Pero los sistemas financieros los gestionan personas. Unos señores que son presidentes, que son consejeros delegados, que son directores generales de los bancos, de los que controlan los bancos…
P. Cuando habla de «sistema», ¿a qué se refiere exactamente?
R. Un sistema es algo muy sencillo. Es la manera que tiene el hombre de relacionarse con el hombre y con las cosas. La gente percibe actualmente que, en el capitalismo en su versión más salvaje, el modo de relacionarse el hombre con el hombre, y el hombre con las cosas, no sirve. Y se pueden poner muchos parches, se pueden aplicar miles de trillones de dólares, pero ahí no está la solución… Hay un refrán: «Que tus bienes reparen tus males», pero los bienes del dinero no pueden reparar estos males, porque la cuestión es que no son males del dinero. Se trata de una crisis mucho más profunda, es una crisis de valores.
P. De valores, pero hay que advertir que no estamos hablando de los bursátiles…
R. Sí, sí, claro. Pero lo que puede parecer una broma no lo es tanto. Hace unos meses di una conferencia en Galicia hablando de todo esto, comentando que estábamos asistiendo a una crisis de valores, etcétera. Al final, en el turno de preguntas, un señor bastante mayor pidió la palabra y me dijo: «Don Mario, ya que usted habla de la crisis de valores, ¿nos puede decir en qué valores tenemos que invertir para ganar dinero?». Hubo una carcajada general, claro. A aquel hombre no le cabía en la cabeza que se pudiera hablar de otros valores. No he visto nunca una manera más gráfica de explicar que estamos ante una crisis de valores.
P. ¿Usted es de los que creen que esta crisis es positiva, que va a traer algo bueno?
R. Sí. Yo tengo mucha ilusión con lo que viene después de esta crisis. Me gusta vivir esta etapa de cambio. Cuando tenía pocos años, pensaba: «Al descubrimiento del cosmos no voy a llegar, América y todo eso ya está descubierto… ¡Pues vaya aburrimiento!». Pero ahora vamos a descubrir algo realmente nuevo: un nuevo proceso en las relaciones humanas, y eso me hace estar muy contento.
P. Habla de una transformación total, y las transformaciones suelen ser dolorosas.
R. Por supuesto, hay cosas inevitables. Yo creo que, lamentablemente, habrá rebrotes racistas. Sí, habrá momentos duros, pero todo eso pasará y lo que está por venir es muy positivo. Las estructuras básicas van a cambiar. Yo veo un nuevo sistema financiero, veo una sociedad que se va a fijar más en la estructura social de la convivencia y no en la acumulación por la acumulación.
P. Quizá ahora sea el momento de retomar esa idea que tuvo en 1993 de hacer una Fundación del Hombre…
R. Pues es algo que me vuelve a rondar la cabeza. Sí, estando en Banesto, en 1993, estaba muy enfadado con el hombre, con el producto humano que estábamos construyendo. Quería montar una Fundación del Hombre para decir: «Reflexionemos sobre lo que estamos haciendo, hacia dónde vamos», desde una dimensión espiritual. Eso ha sido algo que, como ya digo, me ha preocupado siempre, lo que pasa es que pocas veces trascendía a los medios de comunicación. Pero durante mi etapa en Banesto también organicé un Encuentro de las tres religiones, por ejemplo.
P. Una de las personas con las que contactó para crear esa Fundación del Hombre fue el marqués de Nothfort, uno de los nombres más relevantes de la masonería británica. Siempre se ha hablado de su relación con esa institución. ¿Pertenece usted a ella?
R. Efectivamente, el marqués de Nothfort era el gran maestre de Inglaterra, pero yo ya hace más de 20 años que no tengo ningún contacto con la masonería. En España ha sufrido muchos ataques. Por una parte, desde fuera, con el franquismo, que tenía una especie de obsesión con la conspiración judeomasónica. Y, por otra, desde dentro, porque había mucha gente que estaba metida en ella movida por cualquier cosa menos por una cuestión espiritual. Lo veían como una hermandad de socorros mutuos o como una vía para llegar al poder… Y eso mismo ha provocado su muerte. Se están haciendo, según me consta, esfuerzos muy notables por regenerarla en nuestro país, para devolverle su verdadero sentido, pero no estoy seguro de que se consiga.
P. Volviendo al día después de la crisis, ¿ve usted ya algún atisbo de esa «nueva sociedad» en la que tanto confía?
R. Sí, se está conformando una masa crítica de conciencia. Me refiero a eso que, si aludimos a Jung [Carl Gustav, psiquiatra suizo fundador de la psicología analítica], también podríamos decir que es un «inconsciente colectivo», aunque yo lo llamaría «consciente colectivo». Está empezando a surgir esa masa crítica, que es muy importante, porque ese pensamiento colectivo en una dirección concreta hace que el resto sintonice con esas ondas de pensamiento. No es algo nuevo. Un monasterio cisterciense, por ejemplo, es un lugar donde se crea una masa crítica de pensamiento, donde los monjes rezan, piensan y crean esa corriente que beneficia a toda la Humanidad.
P. Donde parece que no acaba de llegar esa masa crítica es a algunas grandes instituciones…
R. Sí, a mi todo esto me recuerda a la película El sexto sentido. Hay instituciones que están muertas, pero ellas no lo saben. Es como en la Revolución Francesa, cuando llevaban a los nobles para guillotinarlos y ellos saludaban a la muchedumbre, pensando que en vez de abuchearlos, los estaban aclamando.
P. Alguno podría pensar que dice esto (si obviara que ya lo decía en los 90) porque está resentido con todo «aquello»...
R. Si yo mintiera al decir que salí de allí sin odio y sin rencor sería un imbécil, entre otras razones, porque esas cosas se notan... Realmente, me permito ver el sistema financiero sin ningún tipo de rencor y decir claramente, porque lo sé: «Es que esto no es». Y, además, lo digo desde el que ya no tiene ninguna aspiración, de ningún tipo. A estas alturas: ¿a qué voy a aspirar? Pero sé que puedo ser muy útil y por eso tengo que decirlo aquí o en mi blog, donde ya hay una serie de gente que se da cuenta de todo esto.
Mario Conde conoció el poder y formó parte del sistema que él mismo define como “una conjunción de medios de comunicación, finanzas y política”. El ex banquero confiesa haber sido expulsado del paraíso para ser conducido a la soledad de la cárcel. Hoy, con los mismos ojos, mira de otra forma. En su retiro de A Mezquita (Ourense) deja el pasado atrás, se afirma en el presente y trata de atisbar futuro.
Usted llegó muy arriba y lo hizo muy rápido. ¿En algún momento tuvo sensación de vértigo o no tuvo tiempo?
Si tú te identificas con lo que eres sí. Yo alguna vez paseaba por la calle Alcalá, ejercía como abogado del Estado y enfrente estaba la central de Banesto. Miraba a Banesto y decía qué habrá allí dentro, qué pasará allí dentro, porque los que suelen escribir sobre los bancos, como los que suelen escribir sobre el poder, son espectadores que reciben alguna información que generalmente es bastante intencionada. Entonces, el día que me senté en la mesa de Banesto, dejé de ser un espectador y empecé a ver cómo funcionaba verdaderamente y de primera mano. Más que vértigo, sientes que de ti no solo dependen 20.000 personas, sino que dependen decisiones que pueden afectar a la economía de un país. Me dije a mí mismo que para qué estaba allí, y que si la vida me había dado esa oportunidad, que yo no quería, sería para algo, y tuve una actitud al margen de los intereses del sistema. Vértigo no tuve, miedo tampoco pero yo estaba convencido de que algo iba a pasar.
De usted se ha dicho que era amigo del Rey y, al mismo tiempo, que conspiró contra él; que era amigo de Polanco, pero que a la vez tenía intereses en El Mundo; que la masonería lo ayudaba, pero que el Opus Dei le veía con buenos ojos. De todo lo que se dice, ¿Qué es verdad y qué no lo es? ¿Está dispuesto a contar y a distinguir el grano de la paja?
Luis María Ansón, hace poco tiempo, explicó que en el año 1993 existía una corrupción política generalizada. Decía que en aquel entonces en José María Aznar no creía nadie y que Felipe González tenía un partido dividido. La debilidad estructural del sistema era muy grande y muchos intelectuales escribían sobre un gobierno de salvación nacional. Él dijo que en los medios aparecía mi nombre. Entonces contó que se reunieron los partidos políticos y decidieron echarme. Yno solo echarme, sino aplastarme para impedir que se formase un gobierno de salvación. ¿Es eso verdad?, Anson añade, lo digo yo porque estaba en la fila 0. Lo único que está claro, a la vista de lo que está pasando en el mundo, es que la decisión sobre Banesto no tuvo nada que ver con lo financiero. Ahora ya lo sabemos, hace unos años no.
En un sector de los medios y entre algunos líderes de la opinión se cantan las virtudes del liberalismo. Se habla de libertad y propiedad, menos impuestos, más seguridad. ¿Cómo escucha esta melodía?
No creo que la solución esté en el liberalismo pero no lo creo como una demostración teórica sino empírica. La desregulación financiera es la que provocado todo el caos. Yo, en el año 1992, ante el Papa y el Rey, defendí que el mercado no era la solución: una de dos, o introducíamos factores de corrección al funcionamiento del mercado o nos veríamos abocados por el capitalismo a una situación grave, ya que nos ha demostrado que por sí solo no funciona. El mercado es una entelequia y no va bien por las personas que lo administran. El problema está en una serie de señores que han manejado ingentes cantidades de dinero con una estructura moral laxa y que han hecho operaciones en su propio beneficio; ocupémonos en educar a las personas que administran el mercado porque si las educamos en los valores del cortoplacismo, da igual que sean liberales o medio pensionistas. No obstante, también en sistemas donde no ha triunfado el mercado hay grandes fracasos. ¿Por qué han fracasado el marxismo y el liberalismo puro? Por los hombres, por el esquema de valores de quien administra el sistema. Lo importante es el material humano.
Entonces, tenemos que volver a Cádiz y a sus proclamas de leyes sabias y justas o al gobierno de los sabios de Platón. Implica un cierto buenismo lo que está diciendo...
Tenemos que poner el acento en la educación y no en la producción de normas. No me sirve de nada una ley, porque son definiciones abstractas. Una sociedad no se rige por una ley sino por las personas que las administran, ésa es la clave. Si tú tienes el convencimiento de que el ser humano tiene tendencia a escorarse al egoísmo y si, encima, le das leyes liberales, el resultado se ve venir. Hay que cortarle al ser humano las alas que le permitan volar en una dirección incorrecta.
¿La crisis que padecemos a nivel mundial está bien dimensionada?
Si hay alguien que diga que una sociedad con cuatro millones de parados no está en crisis me ahorro el adjetivo. Si alguien dice que estamos saliendo de la crisis porque sube la Bolsa cuando aumenta el paro, también me voy a tener que ahorrar el adjetivo. Un sistema que ha conseguido generar cuatro millones de desempleados es un sistema que ha fracasado, es una sociedad fracasada. Por tanto, saldremos de la crisis cuando nos acerquemos a niveles de empleo óptimos. Están acostumbrados a tratar a la gente como si fueran números. Detrás del desempleo hay un drama personal. Yo tengo un sobrino que tiene 34 años, que ha ido haciendo las cosas bien y me pregunta: “Oye, ¿qué he hecho mal?”. Claro que hay una crisis muy profunda, pero como resulta que ya caemos menos en el PIB o ha subido la Bolsa, nos quedamos tan frescos. Volvemos a los parámetros de la eficiencia económica que no tienen nada que ver con la eficiencia social.
Y la solución… ¿Cree que el Gobierno hace lo correcto?
Este Gobierno hace cosas bien y otras mal. Cuando hay una crisis sistémica no hay magos salvadores. El Gobierno hace cosas de improvisación porque los datos le están cayendo encima. Yo no me creo que no supieran nada en 2008, pero tampoco creo que lo supieran todo. Tampoco creo que el señor Solbes sea tan malo ahora y tan bueno antes y hubiera que destituirlo. Al señor Solbes hubo que destituirlo porque defendió la teoría de la riqueza financiera que está en la base de la crisis.
Desde la otra orilla vienen dos recetas: recortar el gasto público y flexibilizar el mercado laboral…
Es lo único que se les ocurre a los intelectuales: flexibilizar el mercado laboral. Tenemos cuatro millones de parados y si flexibilizamos más, ¿qué va a pasar?. Segundo problema, claro que hay que recortar el gasto en lo posible pero en épocas de crisis y de bonanza. Lo que ocurre es que si tú tienes tal cifra de desempleados en una sociedad y no los atiendes de una manera medianamente digna, lo que vas a tener es un problema muy grave. Una sociedad no se puede permitir millones de personas en paro; de algún sitio tiene que salir el apoyo que necesitan. Habrá que recortar el gasto, pero ¿cómo es posible no incrementar la presión fiscal cuando se dan circunstancias extraordinarias y hay una serie de personas que lo necesitan? Yo no sé cómo se hace. ¿Qué se consigue dándole a la máquina? ¿Emitiendo papel moneda? Pero si es que emitir papel moneda es una forma encubierta de impuestos. Es que es una engañifa.
¿El único modelo que vale es el capitalismo…El socialismo real ha fracasado o puede reinventarse?.
La sociedad occidental ha fomentado el individualismo, la ausencia del sentido comunitario, no hay una noción de pertenencia a una comunidad. En todo caso, pertenencia a un grupo de intereses con un componente económico sustancial y menos social. Esa es la estructura que hemos creado. La estructura individual se ha traducido en una sociedad plana sin mecanismos de respuesta; tenemos crisis sí, grave, sí. Dígame una universidad que haya dicho algo importante, dígame un colegio que haya dicho algo importante, dónde están los intelectuales, cuál es la gran ocurrencia de los intelectuales: flexibilidad del mercado laboral para salir de la crisis, ésos son los intelectuales. Los intelectuales han estado presos dentro del sistema, lo único que han consumido son palabras y nada más que palabras, pero la gente les compra las palabras y el resultado final es individualismo recalcitrante y una mentira lacerante. Hemos perdido el sentido de comunidad y hay un efecto centrípeto, vuelve cada uno a identificarse con una comunidad y entonces volvemos a reconcentrarnos en nuestros pequeños grupos. El renacimiento de las identidades no es un problema de dinero, sino de autoidentidad.
Pero existen otras voces que desde la razón proclaman otras alternativas y no se les escucha.
No los conozco, pero la sociedad está obligada a estructurar plataformas organizativas para que los intelectuales puedan introducir mensajes.
También España está en una encrucijada. Algunos ‘profetas’ dicen que ya no existe ….
¿Que no existe España? No entiendo eso. Mire, cuando entramos en el euro, entramos en un proceso constituyente porque estábamos perdiendo parte de soberanía. Ahora nos encontramos en una estructura en la que algunos españoles piensan que no funciona adecuadamente. En 2001, Aznar proclama que consiguió el milagro del euro. Hoy algunos ponen en cuestión este éxito y dicen que fue un proceso precipitado. Ahora bien, respecto a los poderes territoriales, si se cede la soberanía monetaria y LA parte de la soberanía de defensa parece bastante lógico qué los entes territoriales tengan una tendencia al entendimiento más directo con la zona del poder. La estructura del estado español es costosa, siguen sin definirse los esquemas de competencias, hay duplicidades, no se atreven a ceder poder a las autonomías. Hace falta una revisión del sistema para que funcione mejor y con menos coste. Soy partidario de desconcentrar poder y de que el ciudadano tenga el poder más cercano, pero siempre que no implique duplicidades y que genere costes que luego no podemos pagar.
Lo que ocurre es que entran en juego identidades y sentimientos. En Cataluña y Euskadi están muy marcadas y asumidas, y en Galicia existe un sentimiento nacional creciente...
Soy, por parte de padre, de Allariz y, por parte de madre, de Covelo. Cuando salí de Galicia para Alicante, a los 9 años, a mi hermana le decía: “Imos morrer porque non chove”. El gallego tiene un sentimiento de que es gallego. Yo creo que es mucho más profundo que el catalán o el vasco porque no conozco una estructura jurídico-política que defina el Estado vasco; sí lo hubo en Cataluña dentro de las Cortes de Aragón. En Galicia, tú te asomas ahí y vas a ver Galicia, Portugal y Castilla; si eres capaz de decirme dónde empieza uno y dónde termina otro, yo me haré excluyente, mientras tanto no. Nosotros tenemos un sentido de que somos de aquí. Nunca hemos dejado de ser gallegos perteneciendo a Asturias, Castilla... El sentimiento gallego es extremadamente profundo.
Y Galicia, ¿se queda o despega?
Yo tuve muchas dudas. Tenemos una orografía complicada pero nos hemos librado de las estructuras cortesanas, las revueltas han sido más lentas y hemos crecido más pausadamente. Hoy tenemos el índice de paro más bajo de España, tenemos menos dinero prestado en promoción inmobiliaria...Galicia tiene una estructura macroeconómica más adecuada. Creo que está llamada a jugar un papel más importante que el que históricamente nos han asignado.
¿Le sorprendió el cambio político?
Me sorprendió por lo corto en el tiempo. Me resisto a creer que, sinceramente, una fotografía en un yate haya sido determinante en el cambio. Prefiero sentirme gallego de otra manera, creo que a lo mejor no se hicieron las cosas bien.
La foto en un barco, las sillas para el despacho de Touriño y el coche oficial del entonces presidente fueron los ejes de la campaña…
Me llama la atención el tema del barco pero, vamos a ver, ¿qué tendría que fotografiarse , en una barca con remos? Me pregunto: ¿entonces sería diferente? No me parece serio y prefiero pensar que mi pueblo no vota en función de una fotografía, quiero pensar que el pueblo es un pueblo maduro.
Puede ser que con la derecha los gallegos sean más permisivos.
Puede ser y seguramente es así, pero la izquierda tenía más obligación. Si la izquierda tiene un diagnóstico y quiere introducir factores de cambio, tiene que hacer una radiografía de su pueblo.
Su vida transcurrió algunos años en una cárcel. Háblenos de su prisión.
Y por qué no te vienes conmigo a ella [risas]. Dicen los místicos que la verdad es una experiencia; te vienes y lo cuentas. [La conversación se interrumpe y contesta al teléfono en gallego: “Chámote despois, estou nunha cousa”.]
¿Fala vostede galego?
Antes de que tú nacieras ya hablaba gallego y no pasaba nada. Hubo un pacto entre mi padre y mi madre: mi padre dijo que mi madre me hablara en galaico-portugués y yo le contestara en castellano, pero por las cosas de entonces. Mi madre siempre me habló en gallego, además soy de Allariz.
¿Quiere decirme que simpatiza con el nacionalismo?
Un día estuve con una chica y me fue enseñando unas obras. Al final del día me dijo que era hermana de Anxo Quintana y que venían de Vilaboa (Allariz). A lo mejor hasta somos parientes, aunque en Galicia parientes somos todos.
En su último libro nos cuenta…
Hablo de una persona que pasa de presidente de Banesto a prisionero. Estuve con mucha gente, pero en la cárcel pasé 15 años y es lo que cuento. En la cárcel estás contigo mismo y el espejo no le gusta a todo el mundo; de hecho, la gente muere en la cárcel. Fíjate en las personas importantes que han estado y no han podido resistir ese espejo: Mariano Rubio, el presidente de Enron, el presidente de Parmalat... Yo me dije: “Aquí no voy a morir, toca aguantar”. Y se aguanta con ejercicio todos los días, todas las tardes y todas las noches.
Ese ejercicio diario, ¿está relacionado con la vida interior y la resistencia moral?
Yo me propuse dos cosas ya que no me importan nada culpabilidades o inocencias. Es una chorrada, si hubiese culpabilidades, ya están pagadas y, si hubiese inocencias, es inútil, nadie me va a devolver mi tiempo. Sí podía hacer una cosa: demostrar la resistencia. Pero, para resistir, hay que estar muy convencido de unas ideas. Estaba charlando un día con una chica que había ingresado por colaboración con la banda terrorista ETA y le pregunté: “¿Qué haces aquí?”. Me dijo: “Estoy aquí por lo que estoy haciendo, ya sé que si soy fiel a mis convicciones me van a meter en la cárcel”. Yo no participo de los ideales de ETA pero, si un hombre tiene una determinación y un ideal, me parece muy importante. Yo me propuse mandar un mensaje: se resiste y no importa que haya sido presidente de un banco, lo importante es que seas persona muy humana, no de cartón. Pasear por las moquetas de la banca lo sabe hacer todo el mundo, pero aguantar 15 años de preso no. Y, si eso se consigue, significa que se puede resistir.
¿Por qué en Occidente no se trabaja la vida interior y emocional?
Esto tiene un arranque muy preciso, hasta el siglo XVI, que es cuando aparece el cartesianismo. El hombre es un compuesto, esto hace que la separación cuerpo-alma del hombre sea inexistente. El tránsito del Medioevo a la edad Moderna es la ruptura de esa sensación de seguridad y la produce Descartes que dice: “Cogito ergo sum”, razono luego soy. Entonces, una cosa es el cuerpo y otra el alma. Los científicos se ocupan del cuerpo y los extravagantes del alma. Se inicia una estructura educativa en lo racional, que estamos arrastrando. Este modelo de lo racional ha fracasado porque no es cogito ergo sum sino razono porque siento, razono porque vivo, razono porque tengo dudas y eso pertenece al territorio de la humanidad.
Parece que nuestro modelo no potencia el autoconocimiento, la autoexploración.
Claro. El problema es que el esquema cartesiano se ha caído y los descubrimientos de la física cuántica están dándoles la razón a los místicos. Le dan la razón de una manera absolutamente integral.
¿Se puede distinguir entre existencia íntima y existencia social?
Durante un tiempo, el hombre intentó entenderse a sí mismo. A partir de ahí, dejó de entenderse, dejó de explicarse, empezó a creer que todo era un mecanismo de razón y Newton explicó la Ley de la Gravedad y la industria farmacéutica siguió la pauta. Cuando ibas a un médico, trataba de averiguar por qué tenías fiebre y la industria farmacéutica pasó a transformarse en una industria del dolor. Ahora se ha descubierto la inmunología, el pensamiento integral de Wilber en el análisis emocional, la física cuántica en la explicación y el mundo ya ha cambiado. Y, mientras tanto, hay señores que andan por ahí y no saben que ha cambiado.
¿Nos siguen determinando las creencias?
Estoy leyendo Biología de la creencia. El papel de la creencia de cómo está organizada la sociedad. Te involucra en una serie de creencias y el proceso de maduración del ser humano es descubrir que las creencias con las que has convivido eran gilipolleces históricas. Las creencias son analgésicos de la angustia. La biología de la creencia te demuestra que tú y yo no estamos condicionados por la estructura genética, el ADN son antenas de frecuencia y ya hay experimentos relativos a este esquema; no conocerlos es casi un delito de lesa humanidad. En la fundación de mi mujer [Lourdes Arroyo] vamos a hablar del peso emocional en la estructura orgánica. Si llegas a la conclusión de que los esquemas emocionales del ser humano pueden transmitirse o transformarse o llegar a convertirse en lesiones orgánicas tendremos que organizar la vida social de tal manera que evitemos al máximo las tensiones emocionales exageradas.
Del mundo de la ideas al de las sombras. Su futuro puede pasar por la vuelta al ágora.
Que los políticos no monopolicen lo público, lo público afecta a la sociedad: las universidades son públicas, los intelectuales son públicos, los que emitimos opiniones somos públicos.
MarioConde en Intereconomía Video 1 de 3
Mario Conde en EL Vagamundo hace unos diez years
Mario Conde, Metafisica !!!! ????
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